Experiencias que dejan huella

¿Sentir que por unas horas alguien es feliz gracias a algo que se ha organizado y de lo que tú formas parte?

Cuando el Presidente del Club de Atletismo Mulasport, Cristóbal Carlos Ramírez, me preguntó si quería ayudarle en la organización y animación de una carrera que tenía pensado organizar en INTEDIS, un centro para la integración de las personas con discapacidad, le dije que sí sin pensármelo dos veces. Finalmente, ayer fue el día elegido para llevar a cabo la carrera. Tanto Cristóbal como yo llegamos al centro casi a la vez que los alumnos. Ellos bajaron del autobús que los lleva cada día hasta allí y sus caras de alegría por ver lo que allí estábamos organizando ya me sorprendieron. Jamás he visto personas tan agradecidas y cariñosas como lo son ellas. Unas chicas me abrazaban, otras me preguntaban mi nombre y luego se presentaban ellas, otras me echaban una mano gritando los nombres de sus compañeros para animarlos en cada carrera.

Una de las cosas que también me impactó es la importancia que ellos le daban a la carrera. No necesitaban estar en unos Juegos Olímpicos ni en una final de un Barça-Real Madrid para vivir con ímpetu, ganas e ilusión cada carrera que hacían, de hecho, a algunos de los alumnos se les escapaba alguna lágrima cuando veían a sus compañeros atravesar la línea de meta los primeros. Sorprendente y bonito, ¿Verdad? Las ganas, el énfasis, que ponían a la hora de animar a sus compañeros me hacían tener sensaciones increíbles. Incluso, entre ellos mismos se sorprendían de ver lo que eran capaces de hacer y es que, como dice el refrán: “Hace más el que quiere que el que puede”. Hay algo que pude notar en ellos y que a veces en otras personas no veo, ellos agradecen y valoran lo más mínimo que los demás les dan.

INTEDIS

De izquierda a derecha: Rodolfo, Antonio, Virginia, yo y Luis en INTEDIS.

Luego, tras las carreras, los chicos y las chicas me preguntaban por los premios y las medallas y cuando llegó el momento de ir nombrándolos para que subieran a recoger los diplomas por su participación, lo hacían con una fuerza, una pasión, que pensé: “¡Qué gusto da saber que estás aportando un poco de ti para que hoy ellos sean un poco más felices!” ¡Qué sensación tan bonita y especial! Nada como saber que con algo que tú has organizado, y cuando digo tú me refiero al Club Mulasport y a INTEDIS, les está haciendo sonreír más. Eso es muy grande. Ya con sus medallas y diplomas puestos y dados muchos me decían: “¡Se lo voy a enseñar a mi madre!”, “¡Mira tengo una medalla!” y todo esto lo decían con una sonrisa de oreja a oreja. ¡Estaban felices, radiantes!.

Sin duda, el día de ayer nunca lo olvidaré, viví una experiencia que no imaginaba que viviría. Además, me encantó conocer a todos los voluntarios, monitores y profesores del centro que dedican su tiempo y su esfuerzo a intentar hacer las vidas de sus alumnos un poco más felices organizando actividades como este I Cross Escolar. ¡Enhorabuena y felicidades por vuestra labor!

¡Feliz día y a sonreír siempre!

Bendita y bonita infancia

¿Os acordáis de cuando un “te perdono” significaba volver a seguir jugando con esa niña o ese niño que acababas de conocer? ¿O de cuando te hacías una herida y tu amiga te soplaba y te decía: “Sana, sana, culito de rana, si no sana hoy, sanará mañana”?¿O de cuando un “no te ajunto” significaba no hablar con ese niño ni en clase, ni el recreo y mucho menos jugar con él? ¿O de cuando tu única preocupación era acabar los deberes para que tu madre te dejara salir a la calle a jugar con tus amigos? ¿Y qué me decís de cuando nos empeñábamos en alargar el final del verano hasta la última semana de septiembre con la excusa de: “Mamá, si aún hay luz en la calle, déjame un ratico más jugar, por fi”? ¿Y de cuando nos gustaba alguien y nos pedíamos salir a través de un: “¿Quieres salir conmigo? Sí o No” escrito en un papelito recortado de una libreta y que doblado pasaba por toda la clase hasta que te llegaba a ti?

He tenido la suerte de poder vivir una infancia como la que me gustaría que vivieran los niños ahora. Infancia de calle, pero no infancia de estar todo el día fuera de casa, sino infancia de montar en bici, de ser la persona más feliz del mundo porque tu padre te había quitado una de las ruedas pequeñas traseras de la bici, ¡Eso ya te hacía mayor!. Infancia de jugar a cantar poniéndonos los retales que le sobraban a tu madre cuando cortaba los bajos a un pantalón o cuando le quitaba las mangas a una camisa; Infancia de jugar con miles de folios a ser profesoras y cuando nos aburríamos cambiar el “ser profesoras” por “ser oficinistas”. Todo valía para todo y si no era así, ya nos encargábamos nosotros de buscar algún método para no aburrirnos. Eso sí, no necesitábamos un móvil, una PSP o una tablet. Nosotros teníamos folios, bolígrafos, pizarras, tizas, balones, bicicletas, patines, los tacones de nuestras madres, que por más que te cayeras con ellos, nunca te hacías daño y te los volvías a poner. También teníamos trompetas de plástico a las que les añadíamos banderitas de tela hechas por nosotros y junto con un tambor, también de plástico, formábamos una banda de música y salíamos por las calles del barrio en procesión. Sí, sí, en procesión. ¡Desde luego creativos e imaginativos sí que éramos! De vez en cuando nos peleábamos porque todos queríamos presentar las “galas” de cantantes que organizábamos tipo OT, pero esos enfados pronto desaparecían porque hacíamos turnos: “Ahora cantas tú y presento yo, luego canta ella y presentas tú”. Y nos conformábamos. Como no teníamos móvil, ni mucho menos Whatsapp, a lo máximo que aspirábamos como método de comunicación era a tener un par de Walkies-Talkies, nuestra única manera de quedar para jugar era ir llamándonos de puerta en puerta: “Nena, ¿Sales a la calle?”, o el día de antes ya nos decíamos: “Mañana a las cinco vente a mi puerta”. Si queríamos “chuches”, le pedíamos cien pesetas a nuestra madre, pero no íbamos todos de golpe a la tienda del barrio, sino que iba uno y el resto le encargábamos lo que queríamos cada uno: “A mí cómprame un helado de vainilla y un chicle, a mí uno de chocolate y una bolsa de gusanitos, yo quiero…” Al final, volvías de comprar con la mitad de las cosas mal compradas, pero no había enfados, porque lo que a mí no me gustaba, pues se lo daba a la que sí le gustaba y viceversa, así de simple.

Sabíamos hasta hacer trueque: “Yo te doy el chicle de fresa, si tú me das el de coca-cola”. También sabíamos de bricolaje, porque con cuatro maderas nos hacíamos una cabaña a la que le colocábamos como lámpara una linterna cuya luz era roja, pero ¿Qué más daba si la luz era roja, si la madera estaba torcida, si más bien la estructura estaba a punto de caerse? ¡Nosotros éramos felices!, ¡Habíamos hecho una cabaña y eso era lo que importaba! Sabíamos montar en monopatín, y si no sabíamos, pues aprendíamos pronto: “Súbete, que yo te ayudo” hasta que ya ibas sola en él subida y acababas cayéndote, pero ¿Qué importaba? “Tranquilos, no me he hecho daño” y te levantabas del suelo y te volvías a subir, aunque llevases un moratón en el muslo o en el culete. Así se aprendían las cosas siendo niños y así deberíamos aprenderlas hoy día, a base de intentar e intentar y no rendirse a la más mínima, porque en aquella época eras un niño y no te rendías por nada del mundo. “Yo tengo que aprender a montar en bici, tengo que aprender a subir en monopatín, tengo que saber hacer el pino…” Y lo intentabas, no te quedabas con el “tengo que…”, sino con el “Voy a aprender…”.

Sin duda alguna en la infancia aprendimos qué era el compañerismo, la generosidad, la lealtad, la amistad, el perdón, la perseverancia, la constancia, aunque la mitad de esas palabrejas ni siquiera las conociéramos. Pero ahí estábamos, ayudando al que quería aprender a hacer algo, intercambiando lo que no nos gustaba, soplándole a nuestra amiga en su herida para intentar curársela, con mil ideas en la mente que como podíamos las llevábamos a cabo, sin miedos, con muchas ganas de vivir y siempre sonriendo.

Así recuerdo mi infancia…

“Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa es en ella una maravilla” (Gilbert Keith Chesterton)

¡Feliz día y no os olvidéis de sonreír!

 

¡Por más días así!

Ayer tuve el placer de asistir a la I Jornada de Coaching Educativo y Empresarial celebrada en Murcia junto con mi amigo Tomás. Antes de que llegara el 21 de noviembre, ya sabía que sería un viernes distinto, un viernes en el que aprendería muchas cosas de diferentes ámbitos, un viernes en el que lo importante, parafraseando un poco el título de la ponencia de Jose Pomares, no iba a ser lo que perdiera o ganara, sino que no perdiera las ganas. Justo eso. Tenía muy claro que perder no iba a perder nada por asistir, al contrario, ganaría, pero ganaría en teoría, en conocimientos, en aprendizaje, esa era mi idea. Pero sin esperarlo, empecé a conocer a muchísimas personas, a hablar con unas, con otras, a reírnos, a contarnos anécdotas, experiencias, a comentar qué tal nos habían parecido las ponencias, en definitiva, a relacionarnos, a hacer algo tan necesario para el ser humano como es socializarse. Me impactó la facilidad con la que allí, en la quinta planta del edificio Marla Center, todos podíamos entablar una conversación con todos sin conocernos prácticamente de nada, pero he de reconocer que para mí fue una pasada. Allí se respiraba un ambiente distendido, cordial, agradable, por traducirlo a un lenguaje más coloquial, allí se notaba el buen rollo. Evidentemente, todo esto no hubiera sido posible tanto sin el esfuerzo, las ganas, la ilusión, la pasión y las fuerzas de sus dos organizadoras: Toñy López y Lola Mateo, como de cada uno de los ponentes: Jose Pomares, Encarna Teruel, Lola García, Paloma del Henar, Fernando Álvarez, Tony Pomares, Rosa María Arroyo, Irene Morgado y Roberto Cerrada.

Es verdad que las redes sociales algunas veces traen más problemas que soluciones, pero en mi caso, tengo que decir, que gracias a las redes sociales he podido seguir, sino desde el minuto cero sí que desde el minuto uno la organización de este evento, lo que ha dado lugar, casi sin darme cuenta, a una bonita y gran amistad entre Lola, Toñy y yo. He de decir que no sé qué les he aportado para que hayan confiado tanto en mí pero es algo que les agradezco muchísimo, porque no me conocían de nada. Yo estaba ilusionada porque sabía que el 21 de noviembre por fin las conocería en persona, pero lo que desconocía es que al verme, ambas me iban a dar un abrazo tan sincero, tan real, un abrazo que me demostró que son personas muy grandes, con un corazón enorme, muy humanas. Además, ambas son luchadoras, porque fueron capaces de conseguir, como pude comprobar, lo que tanto anhelaban: Organizar la I Jornada de Coaching en Murcia  y que resultara ser un éxito.  Quiero aprovechar para darles mi enhorabuena, porque se lo merecen muchísimo, ya que no es fácil organizar algo así y más en Murcia, pero ellas lo han conseguido.

Espero y deseo de corazón que próximamente podamos disfrutar de unas segundas jornadas, de unas terceras…etc y que algo como el Coaching sea más conocido en Murcia y se le dé difusión, porque como ayer hablábamos entre los asistentes, el Coaching es algo que se puede aplicar a todas las áreas (Educación, Empresa, Comunicación, Música, Deporte…) y que resulta muy útil, ya que te ayuda a crecer como persona, a desarrollar tus fortalezas y a darte cuenta de que puedes conseguir lo que quieras siempre que pongas tu empeño y te esfuerces.

No quiero menospreciar a ninguno de los ponentes, porque de todos aprendí muchísimas cosas que me darán para más entradas en el blog, pero hoy me gustaría acabar esta entrada citando una frase que Paloma del Henar dijo en su ponencia y que puede hacernos reflexionar mucho:

“Es importante cómo nos hablamos a nosotros mismos”

¡Feliz día y no os olvidéis de sonreír siempre!

Sólo tú

Por muy mal que esté si pienso en ti me nace una sonrisa, así empieza Sólo tú, una de las canciones del nuevo disco de la cantautora Merche y así quiero empezar este post.

Hay personas en las que piensas y te viene inmediatamente una sonrisa. Personas que te iluminan el alma sólo con su presencia, que llegan para permanecer en tu corazón y que se quedan aunque a veces no las notes. Personas que te sonríen, que te abrazan, que te quieren. No tiene por qué ser sólo una persona, pueden ser muchas y que te quieran de forma muy distinta. Esas personas son capaces de tocar la fibra más sensible e imperceptible de tu corazón. Son personas a las que quieres con locura y que, a veces, hasta te sorprende ese cariño hacia ellas. Personas que saben escuchar, pero que también quieren ser escuchadas. Personas que, a pesar de lo complejo que es el ser humano, son simples, sencillas y naturales, pero grandes, muy grandes, enormes. De almas inmensas. Almas poderosas. Almas que se reflejan en sus ojos y que parecen querer salir de sus cuerpos. Almas puras. Almas sinceras. Estas personas, a veces, es difícil conocerlas, pero una vez que llegan, se sabe. Se sabe porque no te juzgan, no buscan herirte, no tienen maldad, no te dan la espalda jamás. Pueden darte un consejo y dejarte libertad para que lo aceptes o no, pueden mostrarte el camino que quizá debas recorrer ante una situación, pero te dejan que seas tú quien decida recorrerlo, porque, además, sabes que ellas irán a tu lado sea cual sea el camino que recorras. Son personas que a su manera te ayudan, te hacen reír. Personas de las que aprendes, a las que no necesitas conocerlas toda la vida. El tiempo al lado de estas personas es muy relativo, pues es posible que una hora a su lado pase muy rápido, pero cuando pase esa hora tendrás la sensación de que han estado en tu vida muchos, muchos años.

Personas que conservarás toda tu vida. Personas que le darán sentido a esa vida. Tu vida.

Y para terminar el post, lo haré de la misma forma que lo he empezado, con un frase de esa bonita canción de Merche.

Siempre que me escuches yo sabré explicarte que sólo tú alegras mis días.

¡Feliz día!

La escalera hacia tus sueños

¿Te has animado a subir la escalera que conduce hacia tus sueños? ¿Estás decidido/a a dar pasos para ir avanzando? Si es así, te voy a ofrecer una serie de consejos o pasos que no deberían faltar en esa escalera. Evidentemente, eres libre de aceptarlos o no, de ponerlos en práctica o no.

Lo primero que debes hacer es no esperar que la escalera se construya sola. No esperes a tenerla delante, sé tú quien la forme, sé tú quien la cree. ¿Qué peldaños deben estar en esa escalera? Asegúrate de tener los peldaños del esfuerzo y el de la fuerza, pues el del esfuerzo será el que te empuje en la subida y el de la fuerza será el que te haga ir subiendo el pie en cada peldaño. Otro peldaño clave es el de la automotivación, pues será el que te anime a seguir subiendo cuando creas que la escalera es muy alta y que no llegarás al final. ¿Que cómo te animará? Con un eco que te dirá: “Tú puedes, cree en ti, si has decidido subir esta escalera ya has dado el paso principal.” Otro peldaño que debe estar presente es el de la ilusión que junto con el de las ganas y el de la pasión, te harán la subida más amena.

“Nada grande se ha hecho en el mundo sin una gran pasión” (Friedrich Hegel)

No debes saltarte el peldaño de la autoconfianza ni el del autoconocimiento, serán de los primeros que formen la escalera y de los más importantes, pues ambos peldaños te harán creer en ti, conocer lo que vales, tus valores, en definitiva, te harán conocer tus habilidades, tus fortalezas e incluso, te harán descubrir cosas en ti que quizá desconocías. Dos peldaños importantes también son el del respeto, ese respeto que tendrás hacia todos aquellos que se encuentren subiendo la misma escalera que tú y que al igual que tú, van hacia sus sueños, y el de la humildad.

“Con orgullo hay muchas maldiciones, con humildad muchas bendiciones” (Ezra Taft Benson).

Durante esta subida, es casi seguro que te vas a encontrar con algún peldaño mal construido. Antes de pisar sobre él, párate. Constrúyelo de nuevo, así evitarás que al pisarlo, caigas. Cuando lo reconstruyas, asegúrate de que está firme para que así si en otra ocasión tienes que volver a pisar por ahí, que tu pie no tiemble y que te impulse hacia arriba. Además de encontrarte con estos peldaños mal formados, también tendrás que soportar vientos, lluvias, tempestades, que es posible que te hagan tropezar, resbalar, pero de ti depende que te levantes y que no te rindas en esa subida que te llevará hacia la consecución de tus sueños.

A medida que vayas subiendo irás alcanzando metas que quizá te parezcan pequeñas, pero que cuando llegues a esa cima, en donde habrás logrado alcanzar tus sueños, verás que eran grandes e importantes. “Pasos pequeños, cortos, pero firmes y seguros, te harán recorrer caminos largos, difíciles que te aportarán satisfacción, felicidad y confianza en ti”.

Y recuerda: “Nunca dejes que nadie te diga que no puedes cumplir tus sueños, y sigue adelante sin perder la esperanza.” 

¡Feliz día!

La escucha activa

¿Me estás escuchando? ¿Cuántas veces le hemos hecho esta pregunta a una persona con la que estábamos hablando? Seguramente muchas y es que ya lo dijo el consultor en liderazgo y mejora personal, David Fischman:

 “Saber escuchar es más que tener la capacidad de oír las palabras de los demás. Es, principalmente, poseer la capacidad de dejar de oír nuestras propias palabras.”

A todos nos gusta que nos escuchen, pero aunque parezca que escuchar es fácil, no lo es en absoluto. Las personas estamos más acostumbradas a hablar que a escuchar y no debería ser así, pues escuchar es sin duda el acto más importante de la comunicación.

 “La mayoría de las personas exitosas que conozco, son las que escuchan mejor de lo que hablan” (Bernard Baruch)

No soy una experta en escucha activa, pero quería escribir una entrada dedicada a ello porque es algo que me interesa y porque creo que puede ser de interés para otras personas.

Antes de definir la escucha activa, pienso que es necesario mostrar la diferencia entre “escuchar” y “oír”. La mayoría de las personas se confunden en el uso de uno y otro. Según la RAE (Real Academia Española), oír es percibir con el oído los sonidos y escuchar es PRESTAR ATENCIÓN A LO QUE SE OYE, es decir, siguiendo las definiciones que la RAE ofrece de ambos términos, se puede deducir que la principal diferencia entre uno y otro está en la intención, pues cuando una persona escucha es condición sine qua non que preste atención, de lo contrario, no estará escuchando sino oyendo. De ahí que se pueda oír sin querer, pero no se pueda escuchar sin querer.

Cuando estamos hablando con alguien y estamos escuchando lo que nos dice es imprescindible mostrar un feed-back o un tipo de respuesta para que el emisor sepa que lo estamos escuchando. ¿Cómo se puede mostrar un feed-back? Asintiendo con la cabeza, preguntando algo relacionado con lo que nos está contando, haciendo un resumen de lo que nos ha contado, prestando atención a sus emociones, a su lenguaje no verbal, sonriendo, mirando directamente a los ojos,…etc A este proceso se le conoce como la ESCUCHA ACTIVA.

Daniel Goleman, en su libro “Inteligencia Social” define la escucha activa como “la escucha verdadera, me obliga a sintonizar con sus sentimientos, permitiéndole expresar lo que tenga que decir, de un modo tal que la conversación sigue el rumbo que ambos decidimos. Y cuando este tipo de escucha se da en ambas direcciones, se establece un auténtico diálogo en el que los participantes adaptar sus comentarios a lo que el otro siente y dice” (…) “Escuchamos activamente cuando estamos atentos a todo el proceso de la comunicación y no únicamente al mensaje verbal.”

Para lograr una escucha activa es necesario dejar de hablar y dejar hablar. Como decía Charles Chaplin:

 “No esperes a que te toque el turno de hablar, escucha de veras y serás diferente.”

Además, hay que mostrar empatía, es decir, el receptor no debe estar pendiente de lo que va a decir una vez haya acabado el emisor de hablar, sino que debe conocer y comprender lo que siente el emisor, saber cómo piensa, ponerse en su lugar…Hay que aclarar que para que el receptor sea empático con el emisor, primero debe conocerse a sí mismo, es decir, debe conocer y trabajar sus competencias intrapersonales para poder después trabajar sus competencias interpersonales donde se incluye la empatía.

Cuando escuchamos a alguien le estamos mostrando que su mensaje nos interesa, que su persona es importante para nosotros, que la escuchamos, que la vemos y que estamos ahí atentos a lo que nos dice. Por otro lado, la persona escuchada se siente bien, importante, a gusto y en definitiva, se siente más feliz. Sí, aunque pueda parecer absurdo, el sentir que alguien nos escucha y que está atento a nosotros, nos hace más felices.

 “Escuchar es un fenómeno magnético. Nos sentimos atraídos hacia las personas que nos escuchan pues sentimos que con ellos podemos crear y expandir nuestra mente.” (Karl Menninger)

¿Y si entrenamos la escucha activa?

¡Feliz día!

Correr no es sólo un deporte…

Hace seis años que empecé a correr, bueno más bien a salir a caminar, porque al principio era sólo eso, caminar, como mucho aceleraba el paso en algunos momentos pero que no pasaban de tres o cuatro minutos de duración. ¿Por qué me dio por salir a correr? Digamos que fue como un método para despejarme de los estudios y por hacer algo de deporte para estar en forma. Los primeros meses logré correr quince minutos seguidos, pero mi cuerpo acababa como si me hubiese pasado un camión por encima. Tras estas carreras de quince minutos, paradójicamente, mi mente no terminaba cansada, sino todo lo contrario, parecía que me habían inyectado unas dosis de euforia, bienestar y felicidad. Poco a poco fui pasando de los tres kilómetros a los cuatro, de los cuatro a los cinco y de los cinco a los seis, pero seis kilómetros en aquel momento me parecían veinte. Recuerdo un frío día de febrero en Mula con la lumbre en casa encendida que, sin pensarlo dos veces, decidí calzarme las deportivas y salí a correr a las cuatro de la tarde. ¡El frío me cortaba la cara, pero hice mis kilómetros! También me ha pillado algún que otro día la lluvia por el camino, pero sé que esos son gajes del running (Anglicismo que proviene del verbo to run traducido al español como correr ). Con el paso de estos seis años ha cambiado mi visión hacia el running, antes me suponía un esfuerzo salir a correr, aunque lo hacía, y ahora necesito salir a quemar zapatilla. Además, la resistencia de mi cuerpo ha aumentado lo que hace que me canse menos y que pueda alargar la duración de las carreras.

…es mucho más que un deporte…

Si hay algo que quiero destacar de estos últimos años corriendo son esos pequeños detalles que a veces no se ven cuando haces deporte, como por ejemplo: los saludos de otros corredores con los que me cruzo por el camino, o ahora en verano, los saludos y los ánimos de las personas mayores que toman el fresco en las aceras (El típico: “Venga que vas la primera”, o el “Madre mía, hija, si vas bañada”). Suelo hacer el mismo recorrido, así que las personas mayores me conocen ya cuando paso, hay un hombre que me dice: “¡Hola, amiguica!”, pero con un tono de cariño y simpatía que por aquí es difícil de expresar. Tengo que decir que los días que paso corriendo y no los veo en sus puertas sentados, me preocupo, los echo de menos, es como si me faltara algo, sus sonrisas, sus saludos, sus ánimos…Digamos que en momentos de alto desgaste físico, ver estos gestos, a mí me llena.

Es humanidad, sacrificio, voluntad, esfuerzo…

Lo que empezó como unas simples caminatas para despejarme, se ha convertido, aunque a alguien le pueda parecer todo esto que cuento aquí absurdo, en un hábito que me ha hecho mostrar una capacidad de superación, de trabajo y de esfuerzo que hasta entonces desconocía que tuviera. He aprendido a creer un poco más en mí y ver que con constancia y perseverancia puedo llegar a conseguir muchas más cosas de las que creo si de verdad las deseo. Ha cambiado mi mente. Mis pensamientos. Mi vida.

Con esto no quiero decir que todo el mundo debe salir a correr, simplemente, quiero mostrar esto como un ejemplo más de que hay muchas cosas en la vida que nos ayudan a darnos cuenta de cómo y quiénes somos y son estas cosas las que nos permiten sacar el potencial que todos llevamos dentro. El descubrir estas capacidades hace que nos conozcamos mejor y que creamos más en nosotros mismos.

¡Feliz día!