La escucha activa

¿Me estás escuchando? ¿Cuántas veces le hemos hecho esta pregunta a una persona con la que estábamos hablando? Seguramente muchas y es que ya lo dijo el consultor en liderazgo y mejora personal, David Fischman:

 “Saber escuchar es más que tener la capacidad de oír las palabras de los demás. Es, principalmente, poseer la capacidad de dejar de oír nuestras propias palabras.”

A todos nos gusta que nos escuchen, pero aunque parezca que escuchar es fácil, no lo es en absoluto. Las personas estamos más acostumbradas a hablar que a escuchar y no debería ser así, pues escuchar es sin duda el acto más importante de la comunicación.

 “La mayoría de las personas exitosas que conozco, son las que escuchan mejor de lo que hablan” (Bernard Baruch)

No soy una experta en escucha activa, pero quería escribir una entrada dedicada a ello porque es algo que me interesa y porque creo que puede ser de interés para otras personas.

Antes de definir la escucha activa, pienso que es necesario mostrar la diferencia entre “escuchar” y “oír”. La mayoría de las personas se confunden en el uso de uno y otro. Según la RAE (Real Academia Española), oír es percibir con el oído los sonidos y escuchar es PRESTAR ATENCIÓN A LO QUE SE OYE, es decir, siguiendo las definiciones que la RAE ofrece de ambos términos, se puede deducir que la principal diferencia entre uno y otro está en la intención, pues cuando una persona escucha es condición sine qua non que preste atención, de lo contrario, no estará escuchando sino oyendo. De ahí que se pueda oír sin querer, pero no se pueda escuchar sin querer.

Cuando estamos hablando con alguien y estamos escuchando lo que nos dice es imprescindible mostrar un feed-back o un tipo de respuesta para que el emisor sepa que lo estamos escuchando. ¿Cómo se puede mostrar un feed-back? Asintiendo con la cabeza, preguntando algo relacionado con lo que nos está contando, haciendo un resumen de lo que nos ha contado, prestando atención a sus emociones, a su lenguaje no verbal, sonriendo, mirando directamente a los ojos,…etc A este proceso se le conoce como la ESCUCHA ACTIVA.

Daniel Goleman, en su libro “Inteligencia Social” define la escucha activa como “la escucha verdadera, me obliga a sintonizar con sus sentimientos, permitiéndole expresar lo que tenga que decir, de un modo tal que la conversación sigue el rumbo que ambos decidimos. Y cuando este tipo de escucha se da en ambas direcciones, se establece un auténtico diálogo en el que los participantes adaptar sus comentarios a lo que el otro siente y dice” (…) “Escuchamos activamente cuando estamos atentos a todo el proceso de la comunicación y no únicamente al mensaje verbal.”

Para lograr una escucha activa es necesario dejar de hablar y dejar hablar. Como decía Charles Chaplin:

 “No esperes a que te toque el turno de hablar, escucha de veras y serás diferente.”

Además, hay que mostrar empatía, es decir, el receptor no debe estar pendiente de lo que va a decir una vez haya acabado el emisor de hablar, sino que debe conocer y comprender lo que siente el emisor, saber cómo piensa, ponerse en su lugar…Hay que aclarar que para que el receptor sea empático con el emisor, primero debe conocerse a sí mismo, es decir, debe conocer y trabajar sus competencias intrapersonales para poder después trabajar sus competencias interpersonales donde se incluye la empatía.

Cuando escuchamos a alguien le estamos mostrando que su mensaje nos interesa, que su persona es importante para nosotros, que la escuchamos, que la vemos y que estamos ahí atentos a lo que nos dice. Por otro lado, la persona escuchada se siente bien, importante, a gusto y en definitiva, se siente más feliz. Sí, aunque pueda parecer absurdo, el sentir que alguien nos escucha y que está atento a nosotros, nos hace más felices.

 “Escuchar es un fenómeno magnético. Nos sentimos atraídos hacia las personas que nos escuchan pues sentimos que con ellos podemos crear y expandir nuestra mente.” (Karl Menninger)

¿Y si entrenamos la escucha activa?

¡Feliz día!

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