La fuerza del amor en la adversidad

Mahatma Gandhi dijo una vez: “El Amor es la fuerza más humilde, pero la más poderosa de que dispone el ser humano”.

Pocas veces nos detenemos a pensar en lo rápido que se nos puede ir la vida, ni en que debemos vivirla al máximo, ¿Por qué? Porque la mayoría de nosotros no somos conscientes de que estamos aquí de paso, ni tampoco somos conscientes de que muchas veces nos vamos de este mundo sin avisar. Sólo se nos remueve un poco la conciencia cuando alguien que conocemos o que nos es cercano se esfuma más pronto que tarde. Ante esto, a los que seguimos en la Tierra nos quedan dos opciones: superarlo o hundirnos. O caemos en picado en un pozo en el que nos cuesta encontrar la salida o nos armamos de fuerza y conseguimos salir adelante.
A ella, que siempre destacaba por su alegría, su gracia, su sonrisa, por ser una mujer dicharachera, con unos ojos que desprendían luz, ilusión y energía, la vida le puso un obstáculo ¿Qué piensan que hizo? No se quedó con lo fácil, lo común, lo lógico. Nunca lo hacía. Casi a sus cincuenta años no pensó en nada ni en nadie cuando decidió matricularse en la universidad para estudiar una carrera. En una clase de ochenta personas consiguió, sin que ella lo buscara, ganarse tanto a sus profesores como a sus compañeros, que en su mayoría éramos menores que ella. Estar con ella en los descansos entre clase y clase era hablar de su marido, de sus hijos…En definitiva, hablar de lo que para ella era lo más importante, su familia.
Pero esa alegría, esa ilusión, esa sonrisa, la luz de sus ojos y su energía tan sólo pude verla cuatro meses, porque cuatro meses fueron lo que pasaron hasta aquel día. El día en el que esas ganas de vivir y de disfrutar desaparecieron por completo. De repente sus fuerzas y su sonrisa se esfumaron. Recibió una llamada con un mensaje que descompuso su vida. Un mensaje que jamás esperó escuchar.

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Raquel Ramírez: “Nos cuesta consumir fruta y verdura por pereza y falta de tiempo”

Un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), realizado en mayo del 2014 en países como España, Australia, Francia y México, afirma que en nuestro país (España) ha aumentado el índice de obesidad y que “uno de cada 6 adultos es obeso, y más de 1 de cada 2 tiene sobrepeso”, esto en relación a los adultos, pero en los niños pasa exactamente igual, las cifras de sobrepeso han aumentado, “el 26% de los varones y el 24% de las niñas tiene sobrepeso”. (Datos extraídos de http://www.elmundo.es/salud/2014/05/28/5385f43ce2704e181f8b4576.html)

Afortunadamente estos datos se pueden modificar gracias al deporte y a la posibilidad de llevar una alimentación sana, siempre que esté controlada por un nutricionista. Hoy para hablar sobre nutrición, dietas, alimentación equilibrada…etc entrevistamos a Raquel Ramírez Moya, nutricionista, especializada en Seguridad Alimentaria.

J.M.- ¿Siempre tuviste claro que querías dedicarte a la nutrición y la dietética?

Raquel Ramírez

Imagen: Raquel Ramírez Moya

R.- Claro no lo tienes desde pequeña porque ni siquiera sabes que existe una rama tan especifica en este ámbito. Cuando estás en el instituto te planteas carreras como enfermería, fisioterapia, biología…A medida que vas creciendo, más que elegir, vas haciendo una criba de lo que más te gusta. Tenía claro que me gustaba la rama de la ciencia y naturaleza. Después llegó el estresante curso de segundo de bachillerato donde tienes la presión de elegir qué vas a ser de mayor, perdona…tengo 17 años y no lo sé, no tenía claro lo que quería ser sólo sabía que me gustaba la rama sanitaria. Nos llegaba al instituto información sobre las carreras universitarias que existían y de los diferentes módulos que se ofertaban en nuestra ciudad, y alrededores, y allí es donde me enteré de que existía la carrera universitaria en Nutrición Humana y Dietética. Una vez que lo tuve claro, la estudié y cuando la finalicé, seguí formándome en Ciencia y Tecnología de los alimentos para después, unos años más tarde, cursar un máster de seguridad alimentaria.

J.M.- ¿En qué consiste eso de la Seguridad Alimentaria?

R.- La definición de seguridad alimentaria es un poco diferente dependiendo de quién o qué organismo la defina, pero en general lo que se intenta con una seguridad alimentaria en un país es que todas las personas tengan acceso a unos alimentos suficientes y que, además, estos sean seguros y que contengan los nutrientes necesarios para una buena salud. Cada país está luchando para que esto se lleve a cabo. En países desarrollados tienen la suerte de luchar por ejemplo en estudiar y legislar diferentes métodos de calidad a la hora de procesar, de recibir o vender un producto, como sucede en España, pero por desgracia, hay otros países que no tienen esta opción, debido a que ni siquiera tienen acceso a unos alimentos básicos.

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La escalera hacia tus sueños

¿Te has animado a subir la escalera que conduce hacia tus sueños? ¿Estás decidido/a a dar pasos para ir avanzando? Si es así, te voy a ofrecer una serie de consejos o pasos que no deberían faltar en esa escalera. Evidentemente, eres libre de aceptarlos o no, de ponerlos en práctica o no.

Lo primero que debes hacer es no esperar que la escalera se construya sola. No esperes a tenerla delante, sé tú quien la forme, sé tú quien la cree. ¿Qué peldaños deben estar en esa escalera? Asegúrate de tener los peldaños del esfuerzo y el de la fuerza, pues el del esfuerzo será el que te empuje en la subida y el de la fuerza será el que te haga ir subiendo el pie en cada peldaño. Otro peldaño clave es el de la automotivación, pues será el que te anime a seguir subiendo cuando creas que la escalera es muy alta y que no llegarás al final. ¿Que cómo te animará? Con un eco que te dirá: “Tú puedes, cree en ti, si has decidido subir esta escalera ya has dado el paso principal.” Otro peldaño que debe estar presente es el de la ilusión que junto con el de las ganas y el de la pasión, te harán la subida más amena.

“Nada grande se ha hecho en el mundo sin una gran pasión” (Friedrich Hegel)

No debes saltarte el peldaño de la autoconfianza ni el del autoconocimiento, serán de los primeros que formen la escalera y de los más importantes, pues ambos peldaños te harán creer en ti, conocer lo que vales, tus valores, en definitiva, te harán conocer tus habilidades, tus fortalezas e incluso, te harán descubrir cosas en ti que quizá desconocías. Dos peldaños importantes también son el del respeto, ese respeto que tendrás hacia todos aquellos que se encuentren subiendo la misma escalera que tú y que al igual que tú, van hacia sus sueños, y el de la humildad.

“Con orgullo hay muchas maldiciones, con humildad muchas bendiciones” (Ezra Taft Benson).

Durante esta subida, es casi seguro que te vas a encontrar con algún peldaño mal construido. Antes de pisar sobre él, párate. Constrúyelo de nuevo, así evitarás que al pisarlo, caigas. Cuando lo reconstruyas, asegúrate de que está firme para que así si en otra ocasión tienes que volver a pisar por ahí, que tu pie no tiemble y que te impulse hacia arriba. Además de encontrarte con estos peldaños mal formados, también tendrás que soportar vientos, lluvias, tempestades, que es posible que te hagan tropezar, resbalar, pero de ti depende que te levantes y que no te rindas en esa subida que te llevará hacia la consecución de tus sueños.

A medida que vayas subiendo irás alcanzando metas que quizá te parezcan pequeñas, pero que cuando llegues a esa cima, en donde habrás logrado alcanzar tus sueños, verás que eran grandes e importantes. “Pasos pequeños, cortos, pero firmes y seguros, te harán recorrer caminos largos, difíciles que te aportarán satisfacción, felicidad y confianza en ti”.

Y recuerda: “Nunca dejes que nadie te diga que no puedes cumplir tus sueños, y sigue adelante sin perder la esperanza.” 

¡Feliz día!

La escucha activa

¿Me estás escuchando? ¿Cuántas veces le hemos hecho esta pregunta a una persona con la que estábamos hablando? Seguramente muchas y es que ya lo dijo el consultor en liderazgo y mejora personal, David Fischman:

 “Saber escuchar es más que tener la capacidad de oír las palabras de los demás. Es, principalmente, poseer la capacidad de dejar de oír nuestras propias palabras.”

A todos nos gusta que nos escuchen, pero aunque parezca que escuchar es fácil, no lo es en absoluto. Las personas estamos más acostumbradas a hablar que a escuchar y no debería ser así, pues escuchar es sin duda el acto más importante de la comunicación.

 “La mayoría de las personas exitosas que conozco, son las que escuchan mejor de lo que hablan” (Bernard Baruch)

No soy una experta en escucha activa, pero quería escribir una entrada dedicada a ello porque es algo que me interesa y porque creo que puede ser de interés para otras personas.

Antes de definir la escucha activa, pienso que es necesario mostrar la diferencia entre “escuchar” y “oír”. La mayoría de las personas se confunden en el uso de uno y otro. Según la RAE (Real Academia Española), oír es percibir con el oído los sonidos y escuchar es PRESTAR ATENCIÓN A LO QUE SE OYE, es decir, siguiendo las definiciones que la RAE ofrece de ambos términos, se puede deducir que la principal diferencia entre uno y otro está en la intención, pues cuando una persona escucha es condición sine qua non que preste atención, de lo contrario, no estará escuchando sino oyendo. De ahí que se pueda oír sin querer, pero no se pueda escuchar sin querer.

Cuando estamos hablando con alguien y estamos escuchando lo que nos dice es imprescindible mostrar un feed-back o un tipo de respuesta para que el emisor sepa que lo estamos escuchando. ¿Cómo se puede mostrar un feed-back? Asintiendo con la cabeza, preguntando algo relacionado con lo que nos está contando, haciendo un resumen de lo que nos ha contado, prestando atención a sus emociones, a su lenguaje no verbal, sonriendo, mirando directamente a los ojos,…etc A este proceso se le conoce como la ESCUCHA ACTIVA.

Daniel Goleman, en su libro “Inteligencia Social” define la escucha activa como “la escucha verdadera, me obliga a sintonizar con sus sentimientos, permitiéndole expresar lo que tenga que decir, de un modo tal que la conversación sigue el rumbo que ambos decidimos. Y cuando este tipo de escucha se da en ambas direcciones, se establece un auténtico diálogo en el que los participantes adaptar sus comentarios a lo que el otro siente y dice” (…) “Escuchamos activamente cuando estamos atentos a todo el proceso de la comunicación y no únicamente al mensaje verbal.”

Para lograr una escucha activa es necesario dejar de hablar y dejar hablar. Como decía Charles Chaplin:

 “No esperes a que te toque el turno de hablar, escucha de veras y serás diferente.”

Además, hay que mostrar empatía, es decir, el receptor no debe estar pendiente de lo que va a decir una vez haya acabado el emisor de hablar, sino que debe conocer y comprender lo que siente el emisor, saber cómo piensa, ponerse en su lugar…Hay que aclarar que para que el receptor sea empático con el emisor, primero debe conocerse a sí mismo, es decir, debe conocer y trabajar sus competencias intrapersonales para poder después trabajar sus competencias interpersonales donde se incluye la empatía.

Cuando escuchamos a alguien le estamos mostrando que su mensaje nos interesa, que su persona es importante para nosotros, que la escuchamos, que la vemos y que estamos ahí atentos a lo que nos dice. Por otro lado, la persona escuchada se siente bien, importante, a gusto y en definitiva, se siente más feliz. Sí, aunque pueda parecer absurdo, el sentir que alguien nos escucha y que está atento a nosotros, nos hace más felices.

 “Escuchar es un fenómeno magnético. Nos sentimos atraídos hacia las personas que nos escuchan pues sentimos que con ellos podemos crear y expandir nuestra mente.” (Karl Menninger)

¿Y si entrenamos la escucha activa?

¡Feliz día!

Correr no es sólo un deporte…

Hace seis años que empecé a correr, bueno más bien a salir a caminar, porque al principio era sólo eso, caminar, como mucho aceleraba el paso en algunos momentos pero que no pasaban de tres o cuatro minutos de duración. ¿Por qué me dio por salir a correr? Digamos que fue como un método para despejarme de los estudios y por hacer algo de deporte para estar en forma. Los primeros meses logré correr quince minutos seguidos, pero mi cuerpo acababa como si me hubiese pasado un camión por encima. Tras estas carreras de quince minutos, paradójicamente, mi mente no terminaba cansada, sino todo lo contrario, parecía que me habían inyectado unas dosis de euforia, bienestar y felicidad. Poco a poco fui pasando de los tres kilómetros a los cuatro, de los cuatro a los cinco y de los cinco a los seis, pero seis kilómetros en aquel momento me parecían veinte. Recuerdo un frío día de febrero en Mula con la lumbre en casa encendida que, sin pensarlo dos veces, decidí calzarme las deportivas y salí a correr a las cuatro de la tarde. ¡El frío me cortaba la cara, pero hice mis kilómetros! También me ha pillado algún que otro día la lluvia por el camino, pero sé que esos son gajes del running (Anglicismo que proviene del verbo to run traducido al español como correr ). Con el paso de estos seis años ha cambiado mi visión hacia el running, antes me suponía un esfuerzo salir a correr, aunque lo hacía, y ahora necesito salir a quemar zapatilla. Además, la resistencia de mi cuerpo ha aumentado lo que hace que me canse menos y que pueda alargar la duración de las carreras.

…es mucho más que un deporte…

Si hay algo que quiero destacar de estos últimos años corriendo son esos pequeños detalles que a veces no se ven cuando haces deporte, como por ejemplo: los saludos de otros corredores con los que me cruzo por el camino, o ahora en verano, los saludos y los ánimos de las personas mayores que toman el fresco en las aceras (El típico: “Venga que vas la primera”, o el “Madre mía, hija, si vas bañada”). Suelo hacer el mismo recorrido, así que las personas mayores me conocen ya cuando paso, hay un hombre que me dice: “¡Hola, amiguica!”, pero con un tono de cariño y simpatía que por aquí es difícil de expresar. Tengo que decir que los días que paso corriendo y no los veo en sus puertas sentados, me preocupo, los echo de menos, es como si me faltara algo, sus sonrisas, sus saludos, sus ánimos…Digamos que en momentos de alto desgaste físico, ver estos gestos, a mí me llena.

Es humanidad, sacrificio, voluntad, esfuerzo…

Lo que empezó como unas simples caminatas para despejarme, se ha convertido, aunque a alguien le pueda parecer todo esto que cuento aquí absurdo, en un hábito que me ha hecho mostrar una capacidad de superación, de trabajo y de esfuerzo que hasta entonces desconocía que tuviera. He aprendido a creer un poco más en mí y ver que con constancia y perseverancia puedo llegar a conseguir muchas más cosas de las que creo si de verdad las deseo. Ha cambiado mi mente. Mis pensamientos. Mi vida.

Con esto no quiero decir que todo el mundo debe salir a correr, simplemente, quiero mostrar esto como un ejemplo más de que hay muchas cosas en la vida que nos ayudan a darnos cuenta de cómo y quiénes somos y son estas cosas las que nos permiten sacar el potencial que todos llevamos dentro. El descubrir estas capacidades hace que nos conozcamos mejor y que creamos más en nosotros mismos.

¡Feliz día!

Pasión, ilusión

“Ponle pasión e ilusión y lo conseguirás”. Siempre he sido una persona más bien pesimista que optimista. Siempre he pensado en el no, antes que en el sí. Digamos que no he confiado lo suficiente en mí como lo han hecho otras personas de mi alrededor. No he tenido una autoestima por las nubes nunca, más bien la he tenido en niveles mínimos muchas veces. ¿A qué se debe eso? Pienso que es porque soy una persona muy perfeccionista, necesito tenerlo todo bajo control para sentirme segura. A raíz de darme cuenta de cómo yo era a nivel emocional, empecé a interesarme por los libros de autoayuda, por cómo funcionaba la mente, por cómo somos emocionalmente, porque físicamente todos nos conocemos, pero interiormente es mucho más difícil conocer a una persona. También comencé a ver vídeos sobre las emociones, inteligencia emocional, motivación, coaching… El cambiarme de carrera fue para mí algo mucho más complicado, emocionalmente hablando, de lo que esperaba. Hace cuatro años, decidí cambiarme de carrera, después de estar tres años haciendo algo que no era lo que yo esperaba y que a día de hoy puedo decir que no me llenaba. En aquel momento sentí una presión enorme en mi vida, eso de que quizá me había equivocado al elegir la carrera me hacía sentir culpable, me hacía sentir que había defraudado a toda la gente que confiaba en mí, pero sobre todo a mis padres. Pero hace poco, viendo un vídeo sobre la creatividad, escuché a una psicóloga decir que “en España estaba mal visto el equivocarse” y pensé que tenía razón. Pocas personas ven el “error” como la posibilidad de haberte dado cuenta de que eso no es lo tuyo y que quieres ir por otro camino. Pocas personas sienten que un “error” te puede llevar a descubrir lo que verdaderamente te gusta, te apasiona. Poca personas ven el “error” como la capacidad de decir “esto no lo quiero”. Sigue leyendo