La fuerza del amor en la adversidad

Mahatma Gandhi dijo una vez: “El Amor es la fuerza más humilde, pero la más poderosa de que dispone el ser humano”.

Pocas veces nos detenemos a pensar en lo rápido que se nos puede ir la vida, ni en que debemos vivirla al máximo, ¿Por qué? Porque la mayoría de nosotros no somos conscientes de que estamos aquí de paso, ni tampoco somos conscientes de que muchas veces nos vamos de este mundo sin avisar. Sólo se nos remueve un poco la conciencia cuando alguien que conocemos o que nos es cercano se esfuma más pronto que tarde. Ante esto, a los que seguimos en la Tierra nos quedan dos opciones: superarlo o hundirnos. O caemos en picado en un pozo en el que nos cuesta encontrar la salida o nos armamos de fuerza y conseguimos salir adelante.
A ella, que siempre destacaba por su alegría, su gracia, su sonrisa, por ser una mujer dicharachera, con unos ojos que desprendían luz, ilusión y energía, la vida le puso un obstáculo ¿Qué piensan que hizo? No se quedó con lo fácil, lo común, lo lógico. Nunca lo hacía. Casi a sus cincuenta años no pensó en nada ni en nadie cuando decidió matricularse en la universidad para estudiar una carrera. En una clase de ochenta personas consiguió, sin que ella lo buscara, ganarse tanto a sus profesores como a sus compañeros, que en su mayoría éramos menores que ella. Estar con ella en los descansos entre clase y clase era hablar de su marido, de sus hijos…En definitiva, hablar de lo que para ella era lo más importante, su familia.
Pero esa alegría, esa ilusión, esa sonrisa, la luz de sus ojos y su energía tan sólo pude verla cuatro meses, porque cuatro meses fueron lo que pasaron hasta aquel día. El día en el que esas ganas de vivir y de disfrutar desaparecieron por completo. De repente sus fuerzas y su sonrisa se esfumaron. Recibió una llamada con un mensaje que descompuso su vida. Un mensaje que jamás esperó escuchar.

Uno de los motores de su vida se había apagado para siempre. ¿Cómo explicarle que aquel beso tras la comida de aquel domingo, sin saberlo, se había convertido en el último que le daría a su marido? ¿Cómo decirle que ya no sentiría más sus manos en su cuerpo? ¿Cómo explicarle que el lado de su cama se había quedado vacío para siempre? ¿Cómo hacerle entender que ya no habría más miradas cómplices entre los dos? Un golpe duro, un revés de la vida.
En un primer momento ella se hundió. Pasaron días y días en los que no era capaz de poner un pie en el suelo para salir de la cama. Se sentía perdida, ausente, como en otro mundo. Todo eran llantos, lágrimas, dolor. No dejaba de repetirse una y otra vez que por qué le había tocado a él, que por qué se había ido tan pronto, ya saben, esas preguntas que aparecen en la mente cuando sucede algo sin explicación y a las que no es imposible hallar respuesta. Ese paso de días y días, se convirtió en meses y meses. Meses en los que su sonrisa seguía sin aparecer en su rostro, meses eternos, meses en los que la luz del sol le molestaba y el frío de la noche le aterraba.
Poco a poco fue recuperando el ánimo gracias a la ayuda de sus hermanas, de sus hijos, de sus padres, de sus amigos, pero aún en las noches cuando se encerraba entre las cuatro paredes de su habitación seguía mirando cada una de las fotografías que tenía con su marido mientras de sus ojos caían lágrimas de dolor.
Un día, cuando ya había asumido que él no volvería y que tenía que volver a darle rumbo a su vida, salió de la cama, se vistió y se dirigió a la empresa que su marido, con mucho trabajo e ilusión, había fundado. Pero esta vez no sería una visita como otras tantas veces había hecho. Esta vez no se reencontraría con él, con el amor de su vida. Esta vez estaba decidida a convocar una reunión con todos los trabajadores para comentarles que desde ese día ella pasaría a ocupar el puesto de su marido.
Llegó allí. Se plantó delante de la puerta principal de la empresa. Se tragó un nudo. Suspiró y entró. Había momentos en los que entre aquellas paredes se imaginaba que él iba a aparecer con su sonrisa para darle un beso, sentía que todo había sido una horrible pesadilla, pero no fue así, ni tampoco habían sido una pesadilla aquellos meses que había dejado atrás, lamentablemente todo había sido real. Estar entre aquellas paredes sin su amor, sin su otra mitad, fue duro. Su decisión les causó una gran sorpresa a los trabajadores. Ella no había llevado nunca un negocio, no entendía de economía, de finanzas, de contabilidad, de producción…No tenía ni idea de cómo llevar una empresa, pero no le importó en aquel momento. Simplemente el hecho de pensar que no podía dejar que se hundiera la ilusión de su marido era más importante que el tener que ponerse al día en todo lo que una empresa conllevaba. Lo primero que hizo fue conocer a cada uno de los empleados que formaban parte de la plantilla, saber qué beneficios se obtenían de la producción, qué capital era necesario para mantenerla a flote…Así hasta llegar a ponerse al día de la empresa. Esto no fue nada fácil, en su camino se encontró con personas que quisieron quedarse con todo lo que su marido había levantado. Personas que aprovecharon ese revés que le dio la vida para intentar hundirla más a ella y a su familia, pero a pesar de todo esto, sus fuerzas jamás flaquearon. Siguió luchando. Superó todos los obstáculos que se encontró.
Conseguía levantarse cada día e ir a la empresa porque para ella no era sólo un negocio, significaba mucho más, la empresa era su marido. La ilusión que solía ponerle a todo lo que hacía la volcó en este proyecto, porque sabía que en algún lugar donde estuviera su marido, se iba a sentir muy orgulloso de ella. Ese revés que le dio la vida, y que pudo hundirla para siempre, le hizo sacar una fuerza que no sabía que tenía. Podría haber optado por no luchar, por caer, por dejarse morir en aquella habitación, pero no lo hizo. Al contrario, era tan grande el amor que sentía por su marido que decidió venirse arriba y afrontar lo que la vida, sin esperarlo, le había servido.
Hoy, después de cuatro años, ha regresado el brillo a sus ojos, pero aún sigo viendo un haz de tristeza en ellos. Hoy, y tras cuatro años en los que sus emociones han sido como una montaña rusa, me confiesa que para ella el seguir con la empresa de su marido ha sido la única forma de conservarlo junto a ella y su familia. Hoy me cuenta que ha sido como continuar con su legado igual que ese soldado que recoge la bandera del compañero caído para levantarla con orgullo y seguir luchando por ella. Hoy, y tras cuatro años de muchísimo esfuerzo, disfruta del proyecto como si siempre hubiese sido suyo. También me ha confesado que el golpe fue muy duro pero que le ha hecho crecer como empresaria y sobre todo como persona. Ha sido capaz de superar muchos complejos y se siente orgullosa de saber que más de cincuenta familias, incluida la suya, viven de su empresa en estos tiempos tan complicados. Este motivo fue también el que la hizo pensar que no podía dejar que la empresa cerrara, ya que en ella había muchas familias que gracias a ese trabajo podían comer cada día.
Después de escuchar su historia, se puede decir sin ninguna duda que ella es una mujer luchadora, fuerte y valiente. Luchadora porque sacó adelante lo que era parte de la vida de su marido, fuerte porque superó ese palo que le sacudió la vida y valiente porque se atrevió a llevar una empresa compuesta en su mayoría por hombres.
Además de todo esto, también el conocer su historia hace ver que ninguno de nosotros estamos libres de sufrir un golpe así, pero que debemos aferrarnos a lo positivo se pueda extraer de una lección así y desechar lo negativo que nos pueda dejar.

Muchas gracias, Antonia

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